Detrás de una gran traducción: lectura, obsesión por los detalles y el arte de entender tu mundo

Existe un estereotipo con ciertas características que compartimos quienes nos apasionamos por el rubro de la traducción. Hablo de la traducción en general; acá no hay diferencias entre traducción pública, literaria o científica. Son rasgos generales de quienes nos dedicamos a esta profesión. Una de las virtudes más importantes es la curiosidad: la necesidad espontánea de saber y de investigar prácticamente todo lo que se nos cruza. Esta característica me parece primordial porque hace que una parte crucial del trabajo sea amena, el trabajo no parece trabajo. Así es como uno termina aprendiendo sobre el doble vidrio hermético, la traqueostomía percutánea y el microaprendizaje en la educación. Te enteras de que existe un caso de estudio sobre una enfermedad que desconocías o aprendés acerca de la vida de una escritora porque estás traduciendo su biografía. Qué mundo hermoso el de la traducción.

Por otro lado, tenemos el afán por la lectura, que nos lleva a leer material de todo tipo, desde el diario en línea hasta artículos de ciencia ficción en un blog. Lo siento como el combustible que mantiene viva nuestra lengua materna. Existe el mito de que, por el solo hecho de ser nativos, ya dominamos el idioma de manera definitiva. Sin embargo, la lengua es un organismo vivo que se oxida si no se ejercita con textos exigentes. Leer constantemente en nuestro propio idioma, de todo, desde la literatura clásica hasta la contemporánea, pasando por artículos sobre un hobby, es lo que nos permite descubrir matices imperceptibles, rescatar giros sintácticos olvidados y expandir un vocabulario que, de otro modo, tiende a estancarse por el uso cotidiano. Para un traductor, este ejercicio no es opcional, se nos da naturalmente. Eso es bueno porque garantiza que nuestra capacidad de expresión mantenga la plasticidad, la riqueza y la precisión necesarias para volcar con absoluta naturalidad las ideas complejas de otros mundos en el nuestro.

Estas son dos características que nos permiten lograr algo fundamental en nuestro rubro: la capacitación constante. Y, si bien es importante tomar cursos de especialización, presenciar ponencias e ir a charlas, existe un aprendizaje del día a día. Primero, acerca de todo lo que está pasando en el mundo, porque considero que un profesional de la lengua tiene que ser una persona culta en relación con la actualidad mundial. También para saber cómo habla la gente en nuestro territorio y en otros, en distintas áreas y de diversas edades. Hay terminología que cambia constantemente porque la lengua es dinámica y, aunque cada persona tiene su manera de hablar y existen variantes del español que ya conocemos, siempre es bueno estar al tanto de nuevas frases idiomáticas y de palabras que la gente inventa y que se imponen en el uso cotidiano por simple hábito o por tendencia. Distintos términos nuevos surgen a raíz de la modernidad, de los cambios en la gestión de las empresas y de la manera de percibir las cosas. El mejor ejemplo que se dio en las comunidades de habla hispana es el de Google. Cuando la gente empezó a usar este buscador cada vez con más frecuencia, surgió el término googlear, un anglicismo que adoptamos porque es simple, porque sabemos perfectamente a qué se refiere y qué hacemos cuando googleamos. Esto ocurrió a nivel mundial, pero, si nos especializamos, también iremos encontrando palabras nuevas en distintos rubros o áreas. La lectura constante es clave y la curiosidad juega allí un rol muy importante porque ayuda a que se dé de manera espontánea.

Nerd Translations : Traducciones Inglés Español

Anteriormente, mencioné nuestra lengua materna porque creo que tenemos que capacitarnos mucho, a pesar de que sabemos hablar nuestro idioma desde la infancia. Para traducir bien, claro, pero también para comparar estructuras en los pares idiomáticos que corresponda, pues hay muchas cosas que damos por sentado porque somos nativos del español. Siempre es bueno aprender el uso de algunas estructuras que son únicas en esta lengua y que tienen un porqué. ¿Por qué es distinto decir «vení a casa a tomar unos matecitos» que «te invito a tomar la merienda»? Una persona de Argentina entiende esa diferencia, que no es ínfima y que existe por cercanía en la primera opción: es la forma rioplatense de ser más cariñoso. Cuestiones como los aspectos gramaticales o las normas de puntuación las podemos actualizar con un manual de estilo o, directamente, siguiendo una normativa específica como la de la RAE. Pero ese cuestionamiento constante que podemos hacer en relación con nuestra propia lengua es importantísimo; primero, para seguir aprendiendo, hablar y escribir bien, y así poder traducir cada vez mejor. Segundo, para comparar estructuras y pensar cómo diría esto en inglés, que es el caso de la lengua a la que traduzco yo.

Por último, hay una característica que tengo yo y muchos traductores que conozco: nos gusta la soledad. Y no sé hasta qué límite eso es bueno. En mi caso, me gusta la soledad y la disfruto mucho porque puedo leer lo que quiero, consumir información como se me antoja y nutrirme de la manera que prefiera. A veces trabajo mejor de noche, tarde, pero muy tarde. La cosa es que la interacción con colegas es primordial, y cada vez más siento que es muy importante relacionarnos con profesionales de rubros cercanos a la traducción. No solo se trata de hacer networking con traductores, sino también con correctores, lingüistas y escritores, porque compartimos la misma pasión: el amor por las letras. Entre todos se da una sinergia de sabiduría, pero también comercial, así que celebro los espacios en los que convergen todas las profesiones que tienen que ver con el uso de las lenguas.

Al final del día, la traducción es una especie de obra de arte de absoluta precisión, o como un tesoro que uno cuida hasta el último detalle para luego soltar (al menos así lo siento yo). Esa combinación de curiosidad insaciable, lectura constante, dominio profundo de la lengua propia y colaboración entre profesionales de las letras es lo que transforma un texto plano en un mensaje con impacto, que resuena con naturalidad en el mercado de destino. Cuando elegís trabajar con un traductor profesional, elegís a una persona que cuida tus palabras hasta el último detalle. Estás sumando a tu equipo a un investigador, a un custodio de tu identidad y a un estratega cultural que se va a sumergir en tu rubro con la misma pasión con la que vos lo construiste. Porque para comunicar con alma y conectar de verdad, la tecnología es una gran herramienta, pero estas características que nos hacen distinguirnos entre colegas siguen siendo insustituibles.